PASIÓN · JULIO 2026
Pasión: 6 letras
para crear una compañía
Por Martín Iglesias · 15 de julio de 2026 · 5 min de lectura
Hay cosas que no pueden explicarse con una planilla de cálculo. No nacen de una estrategia de marketing, de un estudio de mercado ni de una proyección financiera. Nacen de un impulso mucho más profundo: la pasión.
La pasión es esa fuerza invisible que lleva a una persona a dedicar miles de horas a perseguir una idea que quizás nadie más comprende. Es la diferencia entre hacer algo correctamente y hacerlo de una manera extraordinaria.
En Oria empezamos hablando de vino
En ORIA empezamos hablando de vino. Pero, en realidad, siempre hablamos de algo mucho más grande: la pasión.
Porque un gran vino no comienza en la copa. Comienza muchos años antes, cuando alguien decide plantar una vid en el lugar exacto, esperando pacientemente que el tiempo haga su trabajo. Comienza cuando un viticultor recorre el viñedo cada mañana, cuando un enólogo toma decisiones que nadie verá pero que todos sentirán al probar una botella.
Pero ORIA hoy es más que vino. Es una comunidad construida alrededor de personas que comparten una misma forma de sentir y de hacer las cosas. Personas que entienden que lo importante no es solo el resultado, sino el camino, el compromiso y el amor por lo que se hace.
La misma pasión, en todas partes
Esa misma pasión existe en muchos otros lugares.
Está presente cuando un diseñador de BMW imagina un automóvil que no solo transporte personas, sino que haga sonreír a quien disfruta conducir. Cada línea, cada proporción, cada sonido del motor responde a una emoción antes que a una especificación técnica. No diseñan simplemente un vehículo; diseñan una experiencia.
Está presente cuando una madre prepara un plato de pasta para sus hijos. Podría resolver la comida de muchas maneras, pero elige amasar, cocinar lentamente la salsa, probar el punto justo. Porque sabe que alimentar también es una forma de amar.
Está presente en un artesano, en un músico, en un arquitecto, en un chef, en un maestro. Está presente en cualquiera que entiende que la excelencia nunca es un accidente.
Y, por supuesto, el fútbol
Y, por supuesto, está presente en el fútbol.
Para quienes nacimos en Argentina, el fútbol rara vez es solo un deporte. Es un lenguaje común. Es un ritual que se transmite de generación en generación. Es el recuerdo de nuestros abuelos, la emoción de nuestros padres y la ilusión de nuestros hijos. Es una manera de sentir que pocas culturas viven con tanta intensidad.
No importa en qué lugar del mundo estemos. Cuando juega la Selección, millones de argentinos laten al mismo ritmo. Durante noventa minutos desaparecen las diferencias, las distancias y las discusiones. Solo queda la pasión.
Una comunidad unida por una manera de mirar la vida
Quizás por eso ORIA reúne personas de tantos países que, aun teniendo historias diferentes, comparten una misma manera de mirar la vida. Son personas que valoran las cosas hechas con tiempo, con dedicación y con alma. Personas que entienden que lo importante no es solo el vino, sino todo lo que representa.
Creemos que la pasión es el ingrediente más importante de cualquier gran proyecto. Es la que transforma un terreno en un viñedo, una idea en una comunidad y un sueño en un legado.
Defender la pasión es un acto de rebeldía
En un mundo que cada vez corre más rápido, defender la pasión es casi un acto de rebeldía. Porque la pasión exige tiempo. Exige compromiso. Exige hacer las cosas bien incluso cuando nadie está mirando.
Y quizás sea precisamente eso lo que une a un gran vino, un automóvil pensado para emocionar, una pasta hecha en casa y un partido de fútbol: detrás de todos ellos hay personas que ponen el corazón antes que cualquier otra cosa.
Por eso, desde ORIA, queremos celebrar aquello que mueve al mundo desde siempre.
Que viva la pasión.
Que viva el fútbol.
Y, como argentino que soy, solo me queda un deseo.
¡Que hoy gane Argentina! 🇦🇷
— Martín Iglesias
Una comunidad de personas que ponen el corazón
Oria reúne a quienes valoran las cosas hechas con tiempo, dedicación y alma, en el corazón de la Val d'Orcia.
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