Strinto Porcino: la uva en el origen del Sangiovese
Durante décadas, el origen del Sangiovese fue un misterio. Hoy sabemos que una uva rara y casi olvidada del sur de Italia —el Strinto Porcino— está escrita en su ADN.
Una historia escrita en su ADN
Durante décadas, los orígenes del Sangiovese permanecieron envueltos en el misterio, entre la hipótesis de un origen etrusco-toscano y la de antiguas migraciones a lo largo de los Apeninos. El avance decisivo llegó en 2021, gracias a un estudio sobre el germoplasma de la vid italiana realizado por ocho instituciones científicas —entre ellas el CREA y varias universidades— y publicado en la revista Frontiers in Plant Science.
Mediante pruebas de ADN basadas en marcadores microsatélite SSR y la reconstrucción del «Atlas de las relaciones varietales de la vid italiana», los investigadores confirmaron una relación directa de primer grado —progenitor-descendiente— entre el Sangiovese y el Strinto Porcino.
El Strinto Porcino emerge así como uno de los dos progenitores del Sangiovese; el segundo permanece desconocido o quizá ya extinto. Junto con el Mantonico, está considerado uno de los patriarcas fundadores de la viticultura del sur de Italia: una rara variedad autóctona, históricamente difundida en la región de Lucania-Calabria, de la que se han identificado poblaciones relictas en Basilicata. El Sangiovese habría nacido de un cruce espontáneo ocurrido a lo largo de las antiguas rutas de comercio y migración entre el sur y el centro de Italia.
Retrato de una uva antigua
A primera vista, el Strinto Porcino revela de inmediato su naturaleza ancestral. Sus caracteres morfológicos son rústicos y en gran parte indómitos, típicos de aquellas variedades autóctonas relictas que no han sido moldeadas por la selección enológica moderna.
El pámpano tiene un ápice moderadamente abierto, con una pilosidad rastrera moderada. La hoja adulta es de tamaño medio, generalmente de tres o cinco lóbulos, de color verde intenso y superficie ligeramente abullonada. El seno peciolar, abierto en «V» o «U», conserva rasgos que recuerdan a las formas más arcaicas del Sangiovese.
El racimo es de tamaño pequeño a medio y compacto: es precisamente esa estructura apretada la que podría explicar el término dialectal «strinto», que significa «apretado». Las bayas son pequeñas y ovoides, con una piel de grosor medio, muy pruinosa y rica en pigmentos antociánicos negro-azulados. La pulpa, neutra y jugosa, se distingue por su acidez pronunciada.
Un legado que vive en el Sangiovese
Observar el comportamiento agronómico del Strinto Porcino ayuda también a comprender mejor la naturaleza del Sangiovese y su extraordinaria adaptabilidad.
La primera característica es la rusticidad: muestra una alta tolerancia al estrés térmico e hídrico, un rasgo que el Sangiovese ha heredado y que le permite prosperar en suelos arcillo-calcáreos, incluso ricos en fragmentos de roca. A esta resistencia se suma un sólido perfil de acidez y taninos. En particular, su acidez fija contribuye a la estructura que da al Sangiovese su típica frescura y su capacidad de envejecer bien. Su vigor vegetativo es moderado pero constante, y requiere un manejo cuidadoso de la vegetación para evitar desequilibrios.
Más allá de la copa
Aunque el Strinto Porcino tiene el potencial de producir vinos de color rojo rubí, sostenidos por taninos firmes y una acidez viva, con aromas de frutos rojos rústicos como la mora y la ciruela silvestre y notas de hierbas de monte mediterráneo, su valor va mucho más allá de la copa. Hoy se considera un germoplasma del más alto valor científico y de conservación, capaz de unir la historia de la viticultura italiana con los desafíos del futuro.
Recuperar y proteger las pocas vides que quedan significa, ante todo, salvaguardar la biodiversidad y evitar la pérdida de un componente fundamental de la ampelografía italiana. Al mismo tiempo, su tolerancia al calor y su capacidad natural de retener acidez la convierten en un recurso genético de gran interés para la investigación y el mejoramiento de la vid. En un clima cambiante, esta uva antigua podría ofrecer soluciones sorprendentemente actuales.
«El Sangiovese llevaba, escrito en su ADN, el nombre de un ancestro casi olvidado.»
En Oria esta historia nos toca de cerca: nuestro Comité Científico estudia la recuperación de material vegetal de Strinto Porcino, dentro de un proyecto de investigación y cultivo de distintos clones de Sangiovese. Comprender de dónde viene esta variedad es, también, una forma de cuidar su futuro.